Bolivia: un ejemplo a seguir

Por Arturo Prins

En artículos anteriores (CRITERIO N° 2420-21) vimos que América Latina tiene una economía pobre pues exporta mayormente materias primas con poca innovación. El Banco Mundial advirtió que “la región está en la cola de la innovación” y si no realiza reformas “mantendrá la desaceleración económica”. En el último número (2422) mostramos que Brasil fue una excepción, cuando el presidente Fernando H. Cardoso entendió que el desarrollo no podía aislarse del sistema de ciencia y técnica e impulsó una economía del conocimiento con buenos resultados, amenazados hoy por la corrupción.

Bolivia, uno de los países más pobres, decidió recorrer ese camino. El presidente Evo Morales anunció en septiembre pasado que “habiéndose consolidado la liberación política, democrática y económica, la liberación científica tecnológica es ahora un sueño, una reivindicación para industrializar las materias primas del país”. Agregó que Bolivia tiene las condiciones para garantizar esa política y firmó el Decreto Supremo 2100 para otorgar 100 becas de post grado por año, a profesionales destacados de universidades públicas y privadas. Ellos concursarán para realizar maestrías y doctorados en las mejores universidades del mundo. A su regreso aportarán innovaciones a empresas de energía, alimentos, agrícolas, de telecomunicaciones, satelitales y otras que requieran tecnologías de punta. También dictarán cursos para replicar los conocimientos adquiridos. “A este día –dijo Morales al firmar el decreto– se lo considerará en el futuro un hecho histórico; Bolivia tendrá una comunidad científica que acompañará nuestras decisiones para impulsar el desarrollo industrial; será una nueva yunta, diría yo”.

Desde 2011 el país impulsa en las escuelas secundarias el interés por la ciencia, a través de las Olimpíadas Científicas Estudiantiles. En la primera participaron 50 mil jóvenes y en la de 2015 más de 300 mil. Esta última, realizada en La Paz en octubre, permitió al vicepresidente Álvaro García Linera reafirmar la decisión de impulsar una nueva economía. Sus palabras a los estudiantes deberían ser escuchadas por los dirigentes de la región: “Lo que está en la cabeza –dijo– vale más que una fábrica. Lo que está en el cerebro de un científico vale más que el dinero de un banco. Una idea, una creatividad, un diseño o un invento generan más dinero que todo el petróleo, que todo el mineral que podamos sacar en 5 ó 20 años. (…) El siglo XXI va a ser de las sociedades que tengan más científicos, más gente formada en las áreas científico-tecnológicas. (…) Los jóvenes que están aquí son lo mejor que tiene Bolivia en ciencias exactas, y los medallistas son la crema de los estudiantes, los mejores de los mejores. (…) Mantengan este cariño por las ciencias exactas porque como gobierno hemos trazado un plan para favorecer, reforzar y premiar a los mejores (…) Nos hemos propuesto construir la Bolivia del siglo XXI, que se hará con cerebro, cabeza, ciencia y tecnología. Ustedes hagan bien su universidad; nosotros apoyaremos bien vuestras maestrías y doctorados”.

El Vicepresidente declaró luego: “Vamos a cambiar el modo de producción; crearemos una nueva generación de estudiantes preparados para la economía del conocimiento. Los procesos latinoamericanos asumen que hay que hacerlo”. Y felicitó al ministro de Educación, Roberto Aguilar, por cumplir la decisión del presidente Evo Morales de reunir a los “cerebros del país” en las mencionadas Olimpíadas.

Así Bolivia articula la educación con la ciencia para favorecer una economía de crecimiento.

© Criterio, 2016