ANTOLOGÍA DE POETAS ARGENTINOS

La Fundación SALES, a través de su sello Ediciones Papiro, editó una antología con los autores más representativos de la poesía argentina del siglo XX.

El primer libro contiene 25 poetas. Su antólogo – Osvaldo Svanascini – eligió, con criterio amplio, a autores que consideró renovadores, o acentuadamente personales, o descollantes por su rigor estilístico, o todo ello reunido. La selección la hizo de libros generalmente agotados o difíciles de hallar, lo que convierte a este primer libro en una suerte de documento rescatado.

Las tres antologías buscan difundir la poesía que tiende a perdurar.

La presentación del primer libro, 25 poetas argentino contemporáneos (reeditado luego con el título 25 poetas argentino contemporáneos – Poesía renovadora), fue hecha por José Emilio Burucúa, académico de Bellas Artes, quien dijo que los 25 autores que contiene constituyen “una experiencia de lectura, de las más intensas que podamos tener en la Argentina de nuestros días.” Agregó que la antología contiene “buena parte de lo mejor, de lo más perdurable, de lo universal y lo eterno que ha producido la cultura literaria de nuestro país.”

Los 25 poetas incluidos en el primer libro son Oliverio Girondo, Enrique Molina, Ricardo Molinari, Juan L. Ortiz y Basilio Uribe, entre los más antiguos y ya fallecidos, junto a generaciones más recientes como Dolores Etchecopar, Raúl Gustavo Aguirre, Rodolfo Alonso, Elizabeth Azcona Cranwell, Juan Jacobo Bajarlía, Edgard Bayley, Alberto Claudio Blasetti, Juan José Ceselli, Alberto Girri, Rodolfo Godino, Roberto Juarroz, Julio Llinás, Francisco Madariaga, Olga Orozco, Jorge Andrés Paita, Aldo Pellegrini, Alejandra Pizarnik, Mario Trejo, Alberto Vanasco y el mismo Svanascini.

Osvaldo Svanascini no es sólo un poeta entre los más representativos de la vanguardia creacionista y surrealista, sino una personalidad múltiple y sobresaliente de la cultura argentina. Narrador, ensayista, traductor, conferenciante y crítico de arte, ha formado a más de una generación de artistas plásticos. Es académico de Bellas Artes y Premio Nacional de Literatura.

El segundo libro 25 poetas argentino contemporáneos – Poesía tradicional, clásicos y neoclásicos, contiene a poetas representativos de la corriente más tradicional o clásica de nuestra lengua, como Enrique Banchs, Francisco Luis Bernárdez, Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández, Leopoldo Marechal, Antonio Porchia, Conrado Nalé Roxlo, Jorge Boccanera, Amelia Biagioni, Juan Gelman, Emma de Cartosio, Norberto Silvetti Paz, Paulina Vinderman, Jorge Boccanera, Jorge Vocos Lescano, Baldomero Fernández Moreno, Ana Emilia Lahitte, Jorge Calvetti y Antonio Requeni (también compilador).

A fines del 2015 se presentaron otros dos títulos de poesía: Poesía de las provincias (de la colección 25 Poetas Argentinos Contemporáneos), antología recopilada por el académico Santiago Sylvester, y Casa Mayor, poesía reunida de Jorge Andrés Paita, seleccionada por Rodolfo Godino.

La Fundación SALES (www.sales.org.ar), institución sin fines de lucro, destina las utilidades de estas obras a un fondo especial para la edición de otras antologías programadas, de narrativa y de ensayos.

Al emprender esta actividad editorial, la Fundación cumple con otro de sus cometidos estatutarios – aparte del de contribuir al desarrollo de la ciencia – que es el de fomentar la cultura humanística. Lo hace con una muestra de creación literaria que los lectores aprecian, pues – hecho no frecuente – ya se vendió la mayor parte de los ejemplares del primer libro editado.

Distinguen a la Fundación SALES

1Reconocimiento Fundacion Sales

En el marco de una reunión internacional sobre Inmunoterapia y Cáncer, la Fundación SALES fue distinguida por su apoyo a las investigaciones inmunoterapéuticas que dirige el destacado científico argentino Gabriel Rabinovich, incorporado este año a la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y premiado recientemente por el presidente Mauricio Macri como el mejor investigador del año 2016.

La distinción la recibió el director ejecutivo de Sales, Lic. Arturo Prins, de manos del propio Rabinovich, quien dijo que “la Fundación ha signado mi carrera desde el comienzo, desde que llegué a Buenos Aires, y ha sido importante por su apoyo a lo que hemos podido hacer en estos años”.

Rabinovich agregó que la fundaciones que trabajan en la promoción de la ciencia “hacen posible que podamos cumplir los sueños y descubrir nuevas terapias, nuevos métodos diagnósticos, nuevos mecanismos involucrados en el cáncer; en nuestro caso que hayamos descubierto el rol de una proteína, Galectina-1, que posibilita a los tumores escapar de nuestras defensas. Hoy – agregó – se considera un descubrimiento importante, pero hace 20 años, cuando empezamos, no lo era, y lo pudimos hacer gracias a que la Fundación Sales confió en nosotros y comenzó a apoyarnos desde 1999”.

La Fundación SALES sostiene investigaciones científicas contra el cáncer desde hace 41 años, gracias a las donaciones de más de 100.000 ciudadanos y de instituciones y empresas. Es un puente entre la comunidad y los científicos, a los que provee equipos, insumos, viajes a congresos y financia las patentes que protegen los avances.

Rabinovich dirige el Laboratorio de Inmunopatología, del Instituto de Biología y Medicina Experimental que fundó el Premio Nobel argentino Bernardo Houssay. Es investigador superior del CONICET y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA).

Más información en www.cancerconciencia.org.ar, www.sales.org.a; @Fundacion_Sales www.facebook.com/fundacionsales.argentina y www.youtube.com/user/FundacionSales

Para mayor información de prensa, favor comunicarse con:
AssetComm (011) 5689-5927
Mariel Guzmán mguzman@asset-comm.com.ar
Javier Blanco jblanco@asset-comm.com.ar

Falta sensibilidad y coraje

Arturo Prins

Nueve millones de personas mueren por año de cáncer. El tabaco, causa principal, provoca otras enfermedades, por lo que 7 millones de fumadores mueren, 900 mil como fumadores pasivos, entre ellos niños.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó en 2003 un Convenio Marco para el Control del Tabaco “por la dimensión que tiene la epidemia del tabaquismo”. Aspiraba a proteger a generaciones presentes y futuras por el aumento de fumadores -hoy más de mil millones-, especialmente en países en desarrollo. El tratado es un hito: el único internacional en salud y uno de los más respaldados en la historia de Naciones Unidas. Lo ratificaron 180 países, incluyendo la Unión Europea, los principales productores de tabaco (China, Brasil, la India, Turquía), casi toda América Latina y todo el Mercosur, excepto la Argentina, a pesar de sus 43.000 muertes anuales por tabaquismo.

En 2004, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto de ley para ratificar el convenio y su vigencia. No fue tratado y perdió estado parlamentario. Los senadores Juan Manuel Abal Medina y Julio Cobos lo reimpulsaron. En mayo pasado, el Ministerio de Salud solicitó su pronta ratificación y la vicepresidenta Gabriela Michetti se comprometió a hacerlo. Senadores de provincias tabacaleras reaccionaron. Juan Carlos Romero (Salta) dijo que gran parte de lo pedido por la OMS se cumple en la ley de control del tabaco (2013): prohibición de publicidad, de fumar en espacios públicos, de vender cigarrillos a menores de 18 años, etcétera. “Ratificar este convenio -señaló- significa la desaparición de la producción”. Otro salteño, Rodolfo Urtubey, agregó: “Ningún productor se opone a que se proteja la salud, pero producir tabaco es generar trabajo y de ninguna manera el tabaco que se produce, de por sí, daña a las personas”.

En la Argentina, el 13,2% de las muertes se debe al consumo de tabaco, y en su mayoría son evitables. Hay 20.627 enfermos de cáncer al año por tabaco; se gastan $33.000 millones anuales para atender el tabaquismo; el precio de los cigarrillos es de los más bajos del mundo y el impuesto acaba de reducirse con críticas de sociedades médicas. Las mujeres, los niños y las niñas argentinos fuman más que los de países en desarrollo. El Convenio de la OMS busca la erradicación del tabaquismo, por lo que recomienda incrementar el precio del cigarrillo con impuestos que limiten su compra. Los senadores saben que la mencionada ley de control del tabaco de 2013, no abordó el tema fiscal y fue un atajo para evitar el objetivo de la OMS.

En noviembre último asistí en México a una cumbre de presidentes y líderes del mundo sobre cáncer. Un político con sensibilidad, imaginación y coraje llamó la atención: Tabaré Vázquez, presidente de Uruguay. Como oncólogo explicó que 9 de cada 10 cánceres de pulmón se deben al cigarrillo y que el tabaco causa otros cánceres, por lo que el gasto en salud es muy alto. Siendo los principales fumadores los más jóvenes y los pobres, aumentó fuertemente el impuesto al tabaco reduciendo los fumadores escolares del 30 al 9%, y los adultos del 32 al 23%. Para sorpresa de sus economistas, el ingreso fiscal por este impuesto, que en 2004 era de 84 millones de dólares, llegó a 318 millones; bajó el gasto de salud y ganó un juicio a Philip Morris que pagó 7 millones de dólares. Sobre 12 países medidos, Uruguay encabeza el ranking latinoamericano en prevención y control del cáncer (la Argentina 9ª); es 2° en el mundo por calidad de aire en ambientes cerrados y 5° como “libre de humo”.

La intervención en México de nuestra vicepresidenta Michetti fue pobre; se limitó a decir: “En la Argentina hay mucho por hacer”.

Nuestra escasa capacidad innovadora se ve en lo referido a la sustitución del cultivo del tabaco. Productores tabacaleros, interesados en que no se concrete la sustitución, mostraron experiencias con resultados negativos. Brasil, en cambio, cultivó mamón y ananá con mayor rentabilidad que el tabaco; en China, 450 familias del municipio de Yuxi incrementaron sus ingresos con otros cultivos; en Kenya, el proyecto “Tobacco To Bamboo” (Del Tabaco al Bambú) mostró que el cultivo de bambú es 4 a 5 veces más beneficioso que el del tabaco y 10 veces cuando se hacen cestas y muebles.

Si la Argentina aumentara el impuesto al cigarrillo, reduciría fumadores y gasto en salud, estimándose que obtendría $85.000 millones en 10 años. Así podría subsidiar un programa de sustitución del cultivo del tabaco, hasta erradicar un veneno que mata a millones de personas. Para ello hace falta sensibilidad, imaginación y coraje.

La Nación, 26 de marzo de 2018

La otra mirada sobre Malvinas

Por Arturo Prins

La revista Papiro* reunió en 1982 a personalidades que, desde el inicio, criticaron la guerra de Malvinas: Luis María de Pablo Pardo, Jaime Potenze, Pierre Parodi, Adolfo de Obieta, Hilario Fernández Long y Horacio Sueldo. Sus testimonios, leídos hoy, adquieren relevancia. Aquella revista señaló el camino para resolver el problema: entender el concepto de nación y aplicarlo a las Islas.

Ante la guerra de Malvinas muy pocos ciudadanos sostuvieron puntos de vista contrarios a ella. No era fácil que los expresaran pues, tan generalizado y emotivo era el apoyo, que se evitaba publicar ideas críticas. Como director de la revista Papiro, que editaba la Fundación Sales, me propuse reunir a esos ciudadanos pues, desde el inicio, la revista también fue crítica.

De Pablo Pardo: faltó rematar la gestión diplomática

La primera consulta fue al ex canciller (1970-72) Luis María de Pablo Pardo, estudioso de temas internacionales. Entendíamos que el entonces canciller Nicanor Costa Méndez, principal promotor de la guerra, por su función debió haber avanzado en la gestión diplomática. Pero Costa Méndez sostenía que gracias a la invasión habíamos mejorado nuestra posición en el pleito. De Pablo Pardo, en cambio, afirmaba que por el camino diplomático debió haberse constituido en mora a Gran Bretaña por incumplimiento de resoluciones de la ONU que, desde 1965, reconocía “los continuos esfuerzos de la Argentina para facilitar el proceso de descolonización”.

Publicamos íntegramente las resoluciones por sus contenidos. De Pablo Pardo recordaba que la primera Asamblea de Naciones Unidas (1946) aprobó por unanimidad la resolución “Pueblos no autónomos”, que incluía a 74 territorios en esa condición, entre los que figuraba Malvinas –también denominada Falkland Islands– como territorio no autónomo del Reino Unido. Gran Bretaña no puso reparos y aceptó la inclusión de las Islas en tal categoría. En 1962 se crea en la ONU un Comité de Descolonización que, a octubre de 1980, había resuelto la mayor parte de los casos: sólo quedaban 18 territorios no autónomos, entre los cuales permanecía Malvinas.

De Pablo Pardo concluía que, si en casi 35 años habían logrado su independencia 56 territorios no autónomos, ése debió haber sido el camino a seguir.

Jaime Potenze: acción bochornosa y aberrante

Un interesante testimonio dio Jaime Potenze –crítico de cine en CRITERIO– por haber vivido en Malvinas y conocer a sus habitantes. Calificó la acción de “bochornosa y aberrante” e hizo esta predicción: “Lo peor de todo es que con esta descabellada empresa hemos perdido por muchos años la posibilidad de recuperar el territorio malvinense (…). Algunos llamados analistas o pseudo historiadores dijeron, a principios de 1982, que la tarea sería sencillísima, porque a lo más dos o tres parlamentarios trasnochados preguntarían a la primera ministra de Inglaterra qué había ocurrido”. Y terminaba: “Tal vez sea ésta la conclusión más pesimista de alguien que, por haber pasado un tiempo en Malvinas, pudo notar que la cuestión podía haberse resuelto con algo de paciencia y por imperio de las circunstancias, ya que poco a poco las Islas se iban despoblando y los argentinos no eran mirados como enemigos. Ahora hay que volver a empezar, tras haber arrojado por la borda muchos años de negociaciones más fértiles de lo que se sospecha”.

Potenze, estudioso del tema, conocía muy bien las acciones diplomáticas antes mencionadas.

Con el sucesor de Lanza del Vasto

Muchos recordarán a José Juan Lanza del Vasto, literariamente Lanza del Vasto, espiritualmente Shantidas, es decir, Servidor de Paz, nombre que le dio Gandhi, su maestro de la no-violencia. Nacido en Sicilia, criado en un hogar de alto linaje y cultura, de tradición católica, a los treinta y tantos años, colmado de bienes naturales y materiales, ocurre en él una conversión, no en el plano de la fe sino en el de la acción. Como San Francisco, teniéndolo todo dejó las riquezas para seguir a Jesús.

Lanza del Vasto, luego de un peregrinaje por tres continentes donde conoce a Gandhi, se inspira en él y crea en Francia la Comunidad de la Orden Patriarcal del Arca. Comunidad de laicos, de familias, donde todas las religiones son aceptadas, menos la intolerancia y la irreligión. Aplica la no-violencia en cada situación de la vida. “Si todos vivieran no-violentamente –decía Lanza del Vasto en un testimonio en Papiro (1977)– no habría guerras”.

Lanza del Vasto vino varias veces a la Argentina, de la mano de Victoria Ocampo y de discípulos que tenía en el país. Su predicación contra la guerra fue recogida, en parte, por el Concilio Vaticano II, cuando su mujer Chanterelle, con otras mujeres, ayunó en Roma para que los obispos y el Papa los escucharan. Fallecido, su sucesor Pierre Parodi, médico, visitó la Argentina precisamente en abril de 1982. Nos acercamos a él, con dos impulsores argentinos de la no-violencia: Adolfo de Obieta, intelectual, hijo de Macedonio Fernández y discípulo de Lanza del Vasto; e Hilario Fernández Long, rector de la UBA en la Noche de los Bastones Largos.

Como Parodi, sin esperarlo, vivió el conflicto, escribió un artículo en Papiro donde recordaba cómo Marruecos, con una inteligente acción diplomática, recuperó el Sahara español tras una marcha pacífica de ocupación con 200 mil personas y esta consigna: “Si encuentras un soldado español, lo saludas y compartes el pan con él; el español es un pueblo civilizado y no tirará sobre hombres desarmados”.

Con Obieta y Fernández Long redactamos en Papiro (1983) una “Carta a los obispos argentinos”, donde citábamos documentos conciliares y de papas contrarios a la guerra y pedíamos se condenaran las acciones bélicas que aún se alentaban. Obieta escribió para que se reviera la doctrina de la “guerra justa”.

Horacio Sueldo: mediocridad del servicio exterior

Horacio Sueldo, demócrata-cristiano fallecido este año, escribió en Papiro: “¿Que la vía pacífica estaba agotada? Falso. La mediocridad de nuestro servicio exterior (Cancillería y embajadas) no les permitió captar la posibilidad reconstituyente de la negociación. (…) ¿Dónde quedó el “canciller de lujo”? Por ahí andaba (y todavía anda) sosteniendo que gracias a la invasión de Malvinas nuestro país ha mejorado su posición en el viejo pleito. En verdad hemos hecho ‘el papelón del siglo’ y hemos bloqueado el camino de la negociación quizás para siempre (…). Ese inmenso daño del que nadie se hace responsable, se insiste en presentarlo como “supremo acto de servicio a la Patria” (…). Con dolorido corazón nos preguntamos ¿qué ha sido –en aquellas semanas y hasta hoy– del pensamiento cristiano sobre la guerra? (…) Entre los aislados testimonios públicos positivos, merece destacarse el de Papiro, que presentó artículos de Pierre Parodi y otros, junto a una selección de precisos textos del Concilio Vaticano II, Juan XXIII y Paulo VI”.

Lo esencial en Malvinas: el concepto de nación

Por la falta de gestiones diplomáticas y las consecuencias de la guerra, Papiro propuso un camino para tratar con Gran Bretaña, que había reforzado su presencia en las Islas para proteger a sus habitantes, actitud que hoy mantiene.

Convocamos a Esteban Polakovic, que venía colaborando en la revista. Nacido en Eslovaquia (1912) y radicado en la Argentina (1947), era estudioso de los conflictos entre países por territorios reclamados. Consideraba que el origen de estos conflictos estaba en la idea de nación. A juicio de Ernesto Sabato, “nadie como este humanista eslovaco ha esclarecido tan clara y apasionadamente el concepto de nación”.

Polakovic sufría a su Eslovaquia, sometida por un Estado checoslovaco que contenía dos seres nacionales, el checo y el eslovaco. Él decía que la nación no era la organización político-jurídica de una población, ni la suma de los pobladores de un país que forman un Estado; era algo mucho más profundo y menos comprensible. La nación forma parte de la existencia del hombre. El carácter de miembro de una nación es cualidad espiritual de la cual nadie puede ser despojado; la ciudadanía, en cambio, es pasible de pérdida. Solzhenitsyn –ejemplificaba– era ruso a pesar de haber sido desposeído de la ciudadanía soviética. Así, la nación puede subsistir sin un Estado: la nación judía existía antes del Estado de Israel y existe fuera de él. Pero un Estado sin la nación correspondiente es incompleto. Cada nación aspira a un Estado propio que albergue su espíritu nacional. Esto ocurría cuando Armenia o Georgia querían separarse de la Unión Soviética. O cuando Alemania, una única nación, estaba escindida en dos Estados.

Polakovic reflexionó así, antes de nuestra derrota: “Si los malvinenses tomaran la ciudadanía argentina no se esperará que renuncien a su nacionalidad inglesa, porque ésta pertenece a su modo de vivir. Su asimilación nacional será un proceso largo. Entre 1800 personas no puede surgir un folklore, forma inicial de una cultura nacional. Y si no surge una cultura no surge una nación. Un grupo étnico como el malvinense hubiera sido absorbido por el ambiente que lo envolviera. Pero ese ambiente no existía porque estaban protegidos en islas, separadas por cientos de kilómetros de mar. Los galeses, muy pocos también, en tierra firme patagónica fueron absorbidos por el ambiente nacional argentino”.

A 34 años, estos testimonios ofrecen otra mirada sobre Malvinas que acercaría posiciones sin ceder soberanía. Los isleños no serán argentinos de la noche a la mañana. Será tras un proceso de radicación de argentinos en el lugar, que llevará tiempo. Las nuevas generaciones argentinas en Malvinas coincidirán así con un Estado argentino en las Islas. Y la identidad de sus abuelos ingleses –herederos de un tiempo de piratería– habrá sido respetada.

* Papiro se editó entre 1976-86 y llegaba a 45.000 lectores del país.

Criterio, noviembre de 2016

Otra inteligencia para evitar las guerras

Por Arturo Prins

 “El hombre debe elegir una de las dos vías:

hacia arriba o hacia abajo. Pero por la bestia

que existe en él, opta con más frecuencia por

la vía descendente, especialmente cuando

ésta le es presentada bajo un bello atavío.

El hombre capitula con frecuencia cuando

el pecado se le presenta ataviado como

una virtud”.

Gandhi

La violencia es inseparable de la condición humana. Atraviesa las relaciones personales, laborales y las de los países. Frente a ella, Jesús marcó una ruptura con toda la historia anterior: ofrecer la otra mejilla, amar al enemigo, volver la espada a la vaina. El sermón de la montaña llama “bienaventurados” a los mansos y humildes. Jesús asumió esa actitud, dejándose conducir cual cordero al matadero, renunciando a bajar de la cruz para confusión de sus enemigos. Por ello, desde la perspectiva cristiana, el martirio es la virtud suprema; y la violencia, principio de todo pecado.

Si la violencia no procede de la naturaleza del hombre sino del pecado, cabe esperar que sea atenuada. El realismo preserva sobre la ilusión de su eliminación total, pues una radical supresión de la violencia supondría la desaparición del pecado. El Reino germina en medio de la cizaña, sin desfallecimiento pero sin ilusiones. La victoria sobre la violencia no consiste en su erradicación total, sino en la preferencia de una actitud no-violenta sobre el recrudecimiento de ella. La humildad y el perdón son manifestaciones del ser manso, revelan una conquista violenta: es heroico presentar la otra mejilla, perdonar al enemigo, dominar la agresividad. Así, la única violencia que puede consentirse es la que nos inferirnos para subordinar las pasiones y el pecado. Se trata de amar violentamente, de ser violentamente no-violentos, “la violencia de los mansos” que proclamaba Chesterton.

Tal actitud no es debilidad pasiva o desconocimiento de la realidad. Aun cuando el obrar cristiano pareciese ineficaz a los ojos del mundo, Dios utiliza sus caminos para canalizar la eficacia del bien. No es tampoco un comportamiento altruista o una suma de buenos sentimientos. Para el cristiano es mucho más: lo religioso constituye la esencia de su ser, su estructura íntima, su mayor fundamento; no es un aditamento. El orden profano, fundado en el poder y la ley del talión o la fuerza, es diferente al orden divino. Jesús decepcionó y decepciona al proponer caminos que no tienen que ver con la fuerza. Así venció a la muerte. No hay razón para sentirse débil por actuar de acuerdo a la vida de Jesús. El orden de la creación va en ese sentido, aunque el mundo diga lo contrario. No podemos oponernos a la realidad creada por Dios. Gandhi lo expresaba: “Un hombre tiene que ser la realización de Dios, en cada minuto de las veinticuatro horas, en un constante dominio”.

Caminos eficaces, no utopías

Gandhi no era monje sino un hombre de la política. Estudió Derecho en Londres y fue a Sudáfrica a mejorar la condición de los inmigrantes hindúes, desde su credo de resistencia pacífica; por sus marchas de protesta era frecuentemente encarcelado. Regresó a la India para liderar la independencia de su país, con una condición: sin violencia y con tolerancia religiosa. Cuando sus compatriotas musulmanes e hindúes hacían actos violentos contra la autoridad británica, él ayunaba hasta que cesaba la hostilidad. La independencia lograda en 1947 no fue una victoria militar sino un triunfo pacífico sin ruptura de relaciones con los hermanos ingleses, como los consideraba Gandhi. Einstein llegó a decir del Mahatma: “A las generaciones venideras les costará creer que un ser de carne y hueso como ése, existió en este mundo”.

En 1977 entrevisté a Lanza del Vasto en la revista Papiro que yo dirigía. Solía venir a la Argentina por su amistad con Victoria Ocampo y Adolfo Fernández de Obieta, hijo de Macedonio Fernández y propulsor de la no-violencia. Aristócrata europeo, Lanza del Vasto me relató cómo en los años ‘30 se convirtió a la religión católica y escogió la pobreza; lavaba platos en París, barría, daba lecciones de latín y dibujaba retratos. A través del libro de Romain Rolland conoció a Gandhi “como alguien lejano, una figura bella de otro país”. Fue a verlo a la India y se inspiró para crear en Francia, con su esposa Chanterelle, la Comunidad del Arca, que reunió a personas de profesiones y credos diferentes, deseosos de vivir diariamente la no-violencia.

En su libro La Iglesia frente a la guerra, Lanza del Vasto relata sus viajes a Roma en tiempos del Concilio Vaticano II, para pedir a los obispos del mundo que desterraran toda guerra, ya que ésta contradice el Evangelio y el mandamiento “No matarás”. En el primer viaje (1963) ayunó 40 días por la salud de Juan XXIII, que falleció poco después; el Vaticano le entregó la encíclica papal Pacem in Terris, entonces aun no difundida, que condenaba las guerras. En los otros viajes (1965) fue recibido por Paulo VI, obispos y teólogos que incorporaron sus recomendaciones. Así, el Concilio declaró: “Debemos dedicar nuestras energías para que la guerra sea absolutamente prohibida” (Gaudium et Spes).

¿Cómo defendernos si la patria es atacada? Lanza del Vasto dice: “La no-violencia no consiste en no hacer nada ante el malvado, sino que no opongamos a su maldad nuestra maldad, ni a sus golpes nuestros golpes. No es abandonar la defensa, sino renunciar a ofender bajo el pretexto de defender, renunciar a duplicar el mal que genera una cadena del mal, cuyo último eslabón es la muerte. ¿Cómo detengo al malvado? La lucha, que no debo eludir, buscará no vencer sino convencer. Debo lograr, con amor, el movimiento del corazón que se llama conversión. Debo llevar a mi adversario a la razón, a iluminar su conciencia, a convertirlo. Las armas del que combate por la justicia, deben ser distintas de las de los injustos. Con qué lógica puedo considerar bueno hacer lo mismo. Cómo llamar bien al mal devuelto. El mayor agravio que infligiría a mi adversario al cobrarle ojo por ojo, sería impedirle reconocer su agravio. Hay que obtener justicia, por la fuerza de la justicia misma. Esto permite trabajar en el corazón del injusto”.

En la sociedad actual llama la atención que los países todavía no empleen otra inteligencia –social, psicológica, diplomática, de resolución de conflictos– que la de las armas. La humanidad no se vale de la medicina ni de los medios de comunicación o transporte de hace dos mil años, pero ante los conflictos aplica la vieja ley del talión, sin profundizar en el ser humano que daña.

En 1982 entrevisté a Pierre Parodi, sucesor de Lanza del Vasto, en el marco de la guerra de Malvinas. Él decía que los caminos de la Comunidad del Arca no eran utópicos. Gandhi logró sin armas la independencia de la India; Marruecos recuperó el Sahara español tras una manifestación pacífica de 200 mil personas, con esta consigna: “Si encuentras un soldado español, lo saludas y compartes el pan con él; el español es un pueblo civilizado y no tirará sobre hombres desarmados”. Parodi concluyó así: “La gran dificultad radica en el hecho de que se ha educado, durante siglos, en el espíritu de violencia que trae consigo el temor, el miedo y, por lo tanto, la defensa, los alambres, los cercos que nos separan, las fronteras”.

Criterio, octubre 20