China superó a Japón

Arturo Prins

Cuando se leen los temas que tratan los economistas chinos y los objetivos de su país, y se los compara con nuestros discursos, se entiende por qué China pasó a ser la segunda economía del mundo y nosotros descendimos tan abajo.

Cai Fang, economista de la Academia de Ciencias Sociales de China, decía: “Es necesario dejar que las grandes ideas fluyan para impulsar el crecimiento”. Bai Chong-en, también economista de la Universidad de Tsinghua, afirmaba: “En la innovación se dan hallazgos inesperados. Se necesitan muchos participantes pues sólo una de mil ideas logra éxito.” Justin Yifu Lin, ex economista jefe del Banco Mundial, profesor de la Universidad de Beijing, indicaba que China podía seguir creciendo imitando las tecnologías occidentales pero produciéndolas mejor a un costo menor.

Innovación, tecnologías, conocimientos, conceptos ausentes entre nosotros, apenas visibles en el nombre de nuestro Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

El dinamismo manufacturero de China hizo que el presidente Xi Jinping anunciara el cambio del modelo Made in China por el de Designed in China. O sea pasar de una producción a escala con mano de obra barata, a otra de más capital, creación y alta tecnología. Así lanzó una campaña para atraer cerebros “fugados” y dos mil profesionales “expertos globales” en ciencia y educación especialmente, sabiendo que irán a un país exótico, con problemas de contaminación y barreras idiomáticas. El objetivo es que “el país pase de ser un manufacturero de cantidad a otro de calidad”, decía el primer ministro Li Keqiang a la Asamblea del Pueblo, al presentar el plan en marzo pasado. Afirmó: “Buscaremos el desarrollo impulsado por la innovación con tecnología inteligente”.

Ya hacía décadas que China venía aplicando estas políticas, a través de sus ministros de ciencia y tecnología, en exploración espacial, supercomputadoras y tecnología militar. Ahora desean impulsar la biotecnología, energías alternativas y otras áreas. En industria automotriz, el Chery TX recibió en 2013 el premio al “Mejor auto concepto del año”, en la feria de Ginebra. Alibaba es una de las empresas electrónicas más rentables del mundo, y Tencent o Huawei marcan tendencias tecnológicas y de telecomunicaciones.

China ya es el segundo país que más invierte en Investigación y Desarrollo (I+D), habiendo desplazado de ese lugar a Japón, también tercera economía mundial. Según la OCDE (Organización para el Crecimiento y Desarrollo Económicos), entre 2008 y 2012 China duplicó la inversión en I+D y se propone ser primer inversor en 2019. Estados Unidos lo es con US$ 344 mil millones, seguida de China con US$ 223 mil millones y Japón con US$ 115 mil millones, valores expresados por paridad de poder adquisitivo, el sistema más adecuado para medir inversiones.

China basa su desarrollo en la investigación, con 3,2 millones de científicos que aumentan de manera impresionante su producción, medida por las publicaciones que crecen año a año según Science Citation Index. Si bien el ingreso per cápita chino es semejante al de países en vías de desarrollo, su inversión en I+D es comparable a la de las naciones más avanzadas. Así el crecimiento y la industrialización sacaron de la pobreza a 500 millones de chinos. Su PBI (2013) fue de US$ 9,2 billones; el de los Estados Unidos de US$ 16,8 billones; los dos más altos del mundo. Claro, hay que decirlo, ambos son los que más invierten en investigación y tecnología militar para la guerra y la defensa.

© Criterio, 2015